Yang

5/5/2018

22/08/2016

 

 

 

 

Y entonces el chico dio el intermitente deteniendo el coche pocos metros pasada mi posición. De nuevo, había vuelto a funcionar: la gente quiere creer; apostar por la oportunidad de hacerlo y encontrarse ante un paradigma de cambio.

Feliz me acerco a la pareja motorizada, rápido, corriendo, no quiero perder mi passaggio. Habiendo ya bajado la ventanilla del copiloto pregunta: “Dove stai andando?”, “A Santa Teresa” respondo. “Su”

 

¡Qué gran momento! ¡Cuánta satisfacción! ¡Bueno es sentirse ayudado cuando uno pide ayuda!

Entro, una vez acoplada la coprotagonista y pesada estrella de esta historia, y saludo. Ellos hacen lo propio y así damos el pistoletazo de salida a una larga conversación que ya puedo asegurar tendrá su espacio propio en alguna de las habitaciones del Corazón de la Rosa.

En un momento, no recuerdo cuándo, él me ofrece su casa para pasar la noche. Su pareja le deja hacer, lo conoce; sus energías forman parte de una misma unidad y su sentido del ser pasa por el otro como por uno mismo.

 

Ahora estoy limpio, mi ropa huele bien y disfruto de una cerveza ¡Disfrutar! ¡Qué gran verbo se inventaron para tan bella experiencia! La experiencia de disfrutar, el disfrute, abre las puertas del ser y deja entrar el aire y la luz que alimentan nuestro espíritu.

Fumamos, comemos e intercambiamos pensamientos e ideas. No hay tiempo, solo los tres. No hay un patrón, solo una corriente de polvo que nos aúna en una misma dirección. No hay error, solo cambio y en el cambio se produce el crecimiento.

La noche avanza y sin quererlo son las tres y media de la madrugada. Prisa no tiene invitación en una velada como ésta; aunque vengo despertándome con la luz del nuevo día, disfrutamos como niños la sorpresa de un regalo.

Pero termina llegando el sueño y la única cama del viaje me espera…

 

Y otro día, y puedo decir que muchos han sido los días en los que una sonrisa terminaba dibujando los últimos segundos antes del sueño. Gracias; y gracias a vuestro valor, al coraje de todas aquellas personas que decidieron hacer un alto en el camino para apostar por el cambio, hoy me siento muy agradecido y feliz. Feliz por compartir unas cervezas, unos cuantos trozos de pizza y una muy buena compañía en un bar de Mandas. Feliz por cenar junto a Fabriccio y sus amigos su rico queso y dulce vino. Feliz por sentir su verdad. Feliz por charlar toda una tarde con dos maestros del tallado en piedra. Feliz por aquellos kilómetros de más. Feliz por ofrecerme todo lo que podéis ofrecer. Feliz por el cariño. Feliz por aquel melón en aquella caravana vasca. Feliz por la oportunidad de ser piloto de cometas por una tarde. Feliz por compartir mesa con mis tres amigos en la infinita playa de Piscinas. Feliz por esas sonrisas de admiración y ánimo. Feliz por sentirme uno más. Feliz por vuestra generosidad; por vuestro altruismo. Feliz por cada gesto sincero. Feliz por tanto.

 

Y es que la vida nos ofrece estas oportunidades constantemente; en nuestra mano está el darles un sentido y un valor. Si puede ser, que sea. El miedo nos ciega y sujeta la mano al volante, pero el soltarla para dar ese intermitente es el primer paso para entrar en la corriente de polvo en la que todo cobra un significado. Si el Corazón de la Rosa nos habla, démosle espacio y llenemos de nueva vida su interior.

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