31-12-2013


Después de dos años más de estudio y con más experiencias acumuladas, mi entender acerca de la profesión del actor se ha transformado. El acercamiento que he venido experimentando a lo que podríamos denominar “vivir la realidad de la situación” es distinto y, en cierta forma, más completo.

El actor cuando interpreta ha de olvidarse de todo tipo de pensamiento circunstancial, para centrar toda su atención en comunicarse con el otro actor, con la otra persona. Dos personas comunicándose, eso es lo que deberíamos presenciar en una buena interpretación. Si bien es cierto que el crear y familiarizarse con unas circunstancias y unas experiencias que rodearían al personaje ayuda a acercarnos más a la manera en que viviríamos la realidad representada, cuando el actor está interpretando ha de olvidarse de ello, ya que si ha trabajado correctamente lo tendrá integrado, para centrarse en la única cosa que nos importa cuando hablamos con alguien: entenderle y que nos entienda.

En el día a día, nuestro principal objetivo es que nos entiendan, que nos comprendan para así poder conseguir aquello que queremos. No pensamos en nuestras circunstancias, ni en lo malo o bueno que soy, simplemente actuamos, nos relacionamos con la otra persona. Lo mismo ha de hacer el actor.

Todos nosotros tenemos características distintas que nos hacen únicos. Podemos adaptar particularidades distintas a las nuestras, integrarlas e interactuar a través de ellas. Trabajémoslas para que pasen a formar parte de nosotros, pero no olvidemos que nacen de nosotros, no las copiamos y pegamos, las creamos a nuestra manera. Es por eso que el actor encima de unas tablas es más el mismo que nunca. ¿Por qué? Porque todo lo que hacemos mana de nosotros. ¿Y cuál es el resultado final de ello? Que la gente que nos ve actuar nos conoce de una manera, una o varias caras de nuestro ser, pero no todo lo complejos que somos. Siendo así, el efecto que generamos es el de ser una persona diferente, alguien distinto a lo que ellos conocen de nosotros, aunque la realidad es que somos otra más de las variantes de nuestra naturaleza, porque es con ella con la que trabajamos, no con invenciones o fantasías que nos alejan de la realidad, simplemente con la verdad de lo que somos.

Lo más bonito que puede suceder es que los que nos vean, vean naturalidad, verdad, actores diciéndose cosas, siendo ellos y no una caricatura.

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